LA ABUELA ELECTRÓNICA


Ana de → SUPER MAMY nos recomienda el relato de La Abuela Electrónica...aquí lo transcribo
de → SILVIA SCHUJER
Publicado en → PEQUETECA
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Mi abuela funciona a pilas. O con electricidad, depende. Depende de la energía que necesite para lo que haya que hacer.

Si la tarea es cuidarme cuando mis padres salen de noche, la dejan enchufada. La sientan sobre la mecedora que está al lado de mi cama y le empalman un cable que llega hasta el teléfono por cualquier emergencia.

Si en cambio va a prepararme una torta o hacerme la leche cuando vuelvo del colegio, le colocamos las pilas para que se mueva con toda libertad.

Mi abuela es igual a las otras. En serio. Sólo que está hecha con alta tecnología. Sin ir más lejos, tiene doble casetera y eso es bárbaro porque se le pueden pedir dos cosas al mismo tiempo. Y ella responde.

Mi abuela es mía.

Me la trajeron a casa apenas salió a la venta. Mis padres la pagaron con tarjeta de crédito a la mañana, y a la tarde ya estaba con nosotros.

Es que mi familia es muy moderna. Modernísima. A tal punto mi mamá y mi papá están preocupados por andar a la moda que no guardan ni el más mínimo recuerdo. De un día para otro tiran lo que pasó a la basura.

A lo mejor es por eso, ahora que lo pienso, que tengo tan mala memoria y no puedo acordarme entera ni siquiera la tabla del dos.

Desde que la abuela está en casa, sin embargo, las cosas en la escuela no me van tan mal.

Para empezar, ella tiene un dispositivo automático que todas las tardes se pone en marcha a la hora de hacer los deberes. Es así: se le prende una luz y se acciona una palanca. Abandona automáticamente lo que está haciendo y sus radares apuntan hacia donde estoy. Entonces me levanta por la cintura y me sienta junto a ella frente al escritorio. Ahí empezamos a resolver las cuentas y los problemas de regla de tres. O a calcar un mapa con tinta china negra.

Aunque nadie se lo pida, mi abuela lleva un registro exacto de mis útiles escolares. Por otro lado, le aprieto un botón de la espalda y el agujero de su nariz se convierte en sacapuntas. Le muevo un poco la oreja y las yemas de los dedos se vuelven gomas de tinta y lápiz.

Tener una abuela como la mía me encanta. Sobre todo cuando está enchufada, porque así puede gastar toda la energía que se le dé la gana y no cuesta demasiado mantenerla, como dice mi papá, que además de moderno es un tacaño y sufre como un perro cada vez que a mi abuela hay que cambiarle las pilas.

Casi todas las noches yo la enchufo un rato antes de irme a dormir. Así me cuenta un cuento. O lo hace aparecer en su pantalla para que yo lea mientras ella me acaricia la cabeza. Sabe millones. Basta colocarle el disquete correspondiente (porque también viene con disquetera) y en cuestión de segundos empieza con alguna historia. Como completamente automática, se apaga sola cuando me duermo.

Cuando mi abuela me cuenta un cuento o me canta algunas canciones, yo me olvido de que es electrónica.

Más que nunca parece una persona común y silvestre. Y es que además tiene una tecla de memoria que le permite escucharme. Yo puedo contarle cosas y, oprimiendo esa tecla, ella archiva toda la información: al final sabe de mí más que ninguno.

Me gusta tener a mi abuela.

Aunque salir a pasear con ella me traiga algunos inconvenientes: los que no son tan modernos como mi familia nos miran mucho en la calle. Y se ríen.

O quieren tocarla para ver de qué material es.

Ven algo raro en sus movimientos...o en su cara, no sé. Creo que las luces que tiene en los ojos no son cosa fácil de disimular.

A mí me encanta tener esta abuela.

Hace unos días, sin embargo, mi mamá dijo que quería cambiarla por un modelo más nuevo. Dice que salieron unas más chicas, menos aparatosas, con más funciones y a control remoto.

La idea no me gusta para nada. Porque, aunque es cierto que estoy bastante acostumbrado a los cambios, con esta abuela me siento muy bien.

Las habrá mejor equipadas, ya sé. Pero yo quiero a la abuela que tengo. Y es que, aparte, cada vez me convenzo más de que ella también está acostumbrada a mí.

A decir verdad, desde que en casa están pensando en cambiar a la abuela, yo estoy tramando un plan para retenerla.

Sí. De a poquito la estoy entrenando para que pueda vivir por sus propios medios. Para que no deje que la compren y la vendan como si fuera una cosa, un mueble usado.

Los otros días le desconecté la luz de los ojos y ahora le estoy enseñando a ver.

Vamos bien.

También le estoy enseñando a ser cariñosa sin el disquete. Ésa es la parte que me resulta más fácil; a lo mejor porque me quiere, aunque ella todavía no lo sepa. Pienso seguir trabajando.

Mi objetivo es que aprenda a llorar. A llorar como loca. Y lo más pronto posible, así el día que se la quieran llevar como parte de pago para traer una nueva, el escándalo lo armamos juntos.

LA LACTANCIA MATERNA


La nutrición y el cuidado durante los tres primeros años son cruciales para la salud de toda la vida y el bienestar. En la infancia, no hay don más precioso que la lactancia materna, pero apenas uno de cada tres niños se alimentan exclusivamente con leche materna durante los primeros cuatro meses de vida.
Es la mejor alimentación para el recién nacido y el niño en su primer año. Debe ser exclusiva en los 6 primeros meses y ser parte importante de la alimentación durante el primer año. La OMS recomienda lactancia hasta los dos años, especialmente en países en vías de desarrollo.
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Reduce la morbimortalidad infantil y las enfermedades infecciosas, especialmente diarreas e infecciones respiratorias; aporta óptima nutrición favoreciendo crecimiento y desarrollo; beneficia la salud materna; contribuye a la relación psicoafectiva madre-hijo; colabora en forma efectiva con el espaciamiento de los embarazos, disminuyendo la fertilidad y ahorrando recursos.

BENEFICIOS DE LA LACTANCIA MATERNA
La leche materna contiene todo lo que el niño necesita durante los primeros meses de la vida: protege al niño frente a muchas enfermedades tales como catarros, bronquiolitis, neumonía, diarreas, otitis, meningitis, infecciones de orina, enterocolitis necrotizante o síndrome de muerte súbita del lactante, mientras el bebé está siendo amamantado; pero también le protege de enfermedades futuras como asma, alergia, obesidad, enfermedades inmunitarias como la diabetes, la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa y arterioesclerosis o infarto de miocardio en la edad adulta y favorece el desarrollo intelectual.

Los beneficios de la lactancia materna también se extienden a la madre: las mujeres que amamantan pierden el peso ganado durante el embarazo más rápidamente y es más difícil que padezcan anemia tras el parto, también tienen menos riesgo de hipertensión y depresión postparto. La osteoporosis y los cánceres de mama y de ovario son menos frecuentes en aquellas mujeres que amamantaron a sus hijos.

Desde otro punto de vista, la leche materna es un alimento ecológico puesto que no necesita fabricarse, envasarse ni transportarse con lo que se ahorra energía y se evita contaminación del medio ambiente. Y también es económica para la familia, se ahorra dinero en la alimentación del niño, debido a la menor incidencia de enfermedades, los niños amamantados ocasionan menos gasto a sus familias y a la sociedad en medicamentos y utilización de Servicios Sanitarios y originan menos pérdidas por ausentismo laboral de sus padres.

ELEMENTOS NUTRITIVOS DE LA LECHE MATERNA
La leche de los primeros días, llamada calostro, es amarillenta y espesa. Precisamente por eso es rica en anticuerpos que protegen al bebé de infecciones graves y lo estimula a mamar frecuentemente. El calostro tiene efectos laxantes y ayuda al bebé a evacuar el meconio de su intestino, eliminando así la bilirrubina, que en exceso provoca ictericia (color amarillento de la piel).
Durante los primeros siete días, el calostro va perdiendo su color, y la leche se va poniendo cada vez más blanca. Esta leche es de dos clases: la primera es aguada y escasa, se produce y junta en los pechos en los intervalos entre las mamadas; la segunda se produce durante las mamadas, es abundante y espesa, sacia, alimenta y engorda al bebé. Es más blanca porque contiene más cantidad de grasas y proteínas. La llamada "leche aguada" es la primera que el bebé toma y calma la sed. La llamada "leche gorda" es la segunda que el bebé toma, viene en la "bajada de la leche" y calma el hambre del bebé.


EL DÍA QUE NO EXISTAN MÁS RATONES

De la escritora PAULA MAGULES: nació en Buenos Aires, Publicó "El Futuro tan temido", en "Literatura en Malba-Encuentro con escritores" (2004); "Alberto Gerchunoff, bello sino de la literatura" (2006). Su novela “Brujula al sur" ganó el Premio Emecé 2000.
Varios de sus cuentos han sido distinguidos en diversos ámbitos (Clayton Valley High School, California; Editorial Milá; Embajada de Israel, y Pontificia Universidad Católica Argentina). Dirige talleres literarios; integra el equipo asesor de la revista "Letras de Buenos Aires" (Premio Konex 2004, a la trayectoria).
Margules participa en conferencias, seminarios y actividades institucionales. La autora es licenciada en Relaciones Humanas y Públicas y trabajó como docente hasta 1990.
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El → citadino se burla del provinciano que desconfía del recién llegado, que sospecha del afroamericano, que recela del blanco, que desprecia al francés, que rechaza al polaco, que duda del inglés, que segrega al brasileño, que se ríe del gallego, que hace bromas sobre el argentino, que margina al boliviano, que rechaza al gringo, que ofende al indio, que huye del católico, que humilla al judío, que se aparta del palestino, que mata al israelí, que pelea con el árabe, que desprecia a la mujer, que maltrata a los chicos, que pisan al sapo, que come insectos, que pican al hombre flaco, que discrimina al gordo, que se ríe del travestido, que rechaza al policía, que abusa del ladrón, que roba al adolescente, que señala al homosexual, que critica al cura, que rechaza al político, que se aprovecha del débil, que maldice al fuerte, que atropella al distraído, que vitupera al viejo, que engaña al joven, que contradice al adulto, que se queja de su jefe, que odia al gerente, que acosa a su secretaria, que envidia al cadete, que huye del director, que está harto del cliente, que exige del vendedor, que engaña al comprador, que insulta al fabricante, que se queja del funcionario, que desdeña al periodista, que hostiga al camarógrafo, que prepotea al entrevistado, que insulta al intelectual, que señala al ignorante, que ofende al estudioso, que reprocha al médico, que subestima al enfermo, que sufre al burócrata, que patea al gato, que se come al ratón, que muerde un tobillo y contagia la rabia.

El día que no existan más ratones se acabará la rabia y el mundo será un lugar maravilloso.


FAMILIAS FRENÉTICAS

Después de escuelas de doble jornada, en muchos hogares los chicos son exigidos a continuar con actividades. Cuidado: el exceso puede enfermarlos
Por Lic. GISELA HOLC Psicóloga
Imágen: EVA MASTROGIULIO
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1145754

Muchos chicos -generalmente, de familias de clase media y alta- amanecen a las 7 de la mañana y poco después ingresan a la escuela, adonde permanecen hasta las 16 ó 17 horas, en que termina su doble jornada. Suelen ser colegios bilingües, con actividades deportivas y artísticas, además de las materias obligatorias.

El plan educativo se complejizó en tanto el mundo laboral exigió perfiles más completos: inglés, computación, natación. La lista es larguísima.

Pero pareciera que esto no alcanza. Al salir de la escuela los chicos comienzan a transitar su tercer jornada del día: fútbol, hockey, circo, danza, comedia musical, guitarra, maestra particular, ortodoncia, fonoaudióloga, psicóloga y psicopedagoga... sólo algunas de las actividades extras.

Vuelven a su casa a las 20 horas para bañarse, hacer la tarea, comer y acostarse, porque al otro día el rally continúa. Así va pasando el día: de obligación en obligación, de compromiso en compromiso.

El fin de semana hay que ir al partido de tenis, al entrenamiento de fútbol, a la muestra de circo, al teatro.

Los padres, con la mejor intención, buscan llenar la vida del hijo con actividades que mejor los prepare para la vida adulta, para rendir mejor, y lo que debería ser un espacio de placer y de diversión se convierte en un deber.

Muchos padres dicen que prefieren que sus hijos hagan cosas porque no les gusta que se queden horas mirando la TV o frente a la computadora, pero estos chicos no paran. Están muy estimulados (hiperestimulados) y son lanzados hacia la acción: pareciera que lo importante en la vida es hacer, sin tener en cuenta qué queremos o nos hace falta.
John Rosemond, psicólogo estadounidense, describió este fenómeno como el "síndrome de las familias frenéticas".

Son familias caracterizadas por un alto nivel de tensión, que corren de una actividad a la otra y no se permiten espacios para relajarse, para no tener nada que hacer. En esas familias los adultos tienen agendas apretadas que suman actividades laborales, cursos y eventos sociales. Carecen de momentos para dialogar con los hijos y les inculcan los mismos valores, sin percatarse de que sostienen algunas creencias disfuncionales, por ejemplo, que "relajarse es sinónimo de vagancia" o que "no hacer nada es malo", algo que dificulta identificar y manejar sus emociones.

Es importante recordar que los niños aprenden más de lo que les mostramos "haciendo", que de lo que les "decimos".

Los padres de hoy, y por consiguiente sus hijos, no ven bien el tiempo de ocio, de verdadero ocio: mirar TV, jugar con amigos, leer, no hacer nada, simplemente estar en casa con mamá y esperar a que llegue papá, caminar por el barrio, ir a tomar un helado. Esto es vivido como aburrimiento. Las generaciones actuales no soportan el ocio porque lo viven como vacío y casi como depresión. Necesitan de las estructuras externas para ordenar sus vidas, y pierden de vista las estructuras o necesidades internas.

Hay cada vez más chicos y adolescentes estresados, con síntomas como miedos, preocupaciones, necesidad de aferrarse a un adulto y sentirse incapaz de perderlo de vista, enojos, regresiones a comportamientos infantiles, llanto o lloriqueo, dificultad para controlar las emociones, comportamiento agresivo, caprichos, dificultad para relacionarse con los otros, molestias estomacales, pesadillas, problemas para dormir, dolor de cabeza, enuresis (mojar la cama), cambios en hábitos alimentarios.

Es que los chicos, como los adultos, sufren trastornos de ansiedad. Tanto hijos como padres, envueltos en una carrera hacia no se sabe dónde, han perdido la capacidad de registrar las alertas que indican la necesidad de parar. Así, no pueden bajar a tiempo del rally. Los chicos, como los adultos, están colapsados, agotados, agobiados.

Las familias necesitan replantearse, regular las exigencias y pensar que la infancia viene de la mano de la inocencia, la ingenuidad, la espontaneidad. En la infancia se crean los cimientos donde se conformará la estructura del adulto. Darles una infancia cálida, feliz y relajada a nuestros hijos es darles la posibilidad de ser felices. Y no sólo hoy. También mañana.

LA MALA PALABRA

Fragmento de Peligrosas Palabras
de → Luisa Valenzuela
Imágen: Rachel Deacon

Las niñas buenas no podían decir esas cosas, las señoras elegantes tampoco, ni las otras.
No podían decir ni esas cosas, ni las otras, porque no hay posibilidad de acceso a lo positivo sin su opuesto, el negativo revelador y revelado. Tampoco las otras mujeres, las no tan señoras, podían proferir aquellas palabras catalogadas de malas, las grandes, las gordas: las palabrotas. Las que no descargan del todo el horror contenido en un cerebro a punto de estallar. Hay palabras catárticas, momentos del decir que deberían ser inalienables y nos fueron alienados desde siempre.

Durante mi infancia las madres o los padres –por qué echarles la culpa siempre a las mujeres- nos lavaron a muchas de nosotras la boca con agua y jabón cuando decíamos alguna de esas llamadas palabrotas, las palabras sucias, las “malas” palabras. Cuando proferíamos nuestra verdad. Después vinieron tiempos mejores, pero esas interjecciones y esos apelativos nada cariñosos quedaron para siempre disueltos en la detergente burbuja del jabón que limpia hasta las manchas de la familia, Limpiar, purificar la palabra, la mejor forma de sujeción posible.
Ya lo sabían en la Edad Media, y así se siguió practicando en las zonas más oscuras de Bretaña y Franca, hasta unas pocas décadas atrás. A las brujas –y somos todas brujas- se les lavaba la boca con sal roja para purificarlas.

Y del dicho al hecho, de la palabra hablada a la palabra escrita: un solo paso. Que requiere toda la valentía de la que disponemos, porque creemos que es tan simple y sin embargo no, la escritura franqueará los abismos y por lo tanto hay que tener conciencia inicial del peligro, del abismo. Desatender las bocas lavadas, dejar que las bocas sangren hasta acceder a ese territorio donde todo puede y debe ser dicho. Con la conciencia de que hay tanto por explorar, tanta barrera para romper, todavía.

Es una lenta e incansable tarea de apropiamiento, de transformación. De ese lenguaje hecho de “malas” palabras que nos fue vedado a las mujeres durante siglos y del otro lenguaje, el cotidiano, que debíamos manejar con sumo cuidado, con respeto y fascinación porque de alguna manera no nos pertenecía. Ahora estamos rompiendo y reconstruyendo, la tarea ardua.
Estamos ensuciando con ganas esas bocas lavadas, adueñándonos del castigo sin permitirnos en absoluto la autolástima.

CARTA CONTRA LOS MITOS DEL AUTISMO

CARTA CONTRA LOS MITOS DEL AUTISMO Y SU USO PEYORATIVO
Muchas veces para manifestar que alguien es distraído, desmemoriado, grosero, indiferente, desatento se recurre a la palabra Autismo, incluso para agredir al otro.
He copiado del blog de Anabel de →
EL SONIDO DE LA HIERBA CRECER ésta carta, que sería bueno leyeran los comunicadores, las escuelas de periodismo y nosotros. A estas alturas nadie puede decir ‘no sé de qué se trata’, así como se utiliza el término 'Mogólico' para herir a las personas.
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Estimado amigo:

Nos dirigimos a usted por su importante labor como líder de opinión. Somos padres, familiares y amigos de personas con autismo. Convivimos con ellas, vemos cómo avanzan, en muchos casos con una intervención especializada, y de qué forma se preparan para ser uno más en este mundo donde hay cabida para la diversidad.

Sin embargo, se difunden con demasiada frecuencia informaciones y mitos que nada tienen que ver con el autismo. Incluso se está poniendo de moda recurrir a la palabra “autismo” para descalificar. La oímos como insulto en las discusiones acaloradas entre políticos, la leemos en la prensa cuando quieren criticar a alguien, la soportamos en pancartas de manifestaciones contra dirigentes… Es una pena que autismo vaya asociado a connotaciones negativas y su uso “metafórico” también.

Aunque el trastorno autista implica un espectro y hay diferentes tipos de afectación, todos merecen un trato respetuoso que nunca se consigue usando esta condición como insulto o menosprecio. En cualquier caso, ni los niños más afectados responden al estereotipo de ser fríos, ariscos y cerrados. Las personas con autismo sienten y saben demostrarlo. Si se conociera su realidad, la sonrisa de los niños al recibir un regalo o, hasta en los mejores casos, su felicidad al jugar con otros, su satisfacción cuando han aprendido algo nuevo, cómo intentan por todos los medios comunicarse y los esfuerzos que realizan para aprender las reglas sociales, a nadie se le ocurriría más que asociar autismo con “superación”, “esfuerzo”, “nobleza”, “cariño” o “sensibilidad”.

La prevalencia del autismo hoy en día es lo suficientemente significativa como para promover acciones de información y sensibilización, con afirmaciones que se apoyen en evidencias científicas y ajustadas a la realidad. Según el Instituto de Salud Carlos III, uno de cada 250 niños presenta algún trastorno dentro del espectro (http://iier.isciii.es/autismo/). Hay más de 200.000 afectados en España y 67 millones en todo el mundo.

Por esta razón, celebramos cualquier intento de comprensión del autismo desde los medios de comunicación. No es una enfermedad, sino un conjunto de disfunciones neurológicas con manifestaciones conductuales que se detectan ya en los primeros años de vida con deficiencias en la comunicación, en la interacción social y la aparición de intereses restringidos, repetitivos y estereotipados.

Hoy en día, los avances se producen siempre y, en algunos casos, a pasos de gigante. Con una estimulación adecuada, siempre dependiendo del grado de afectación, evolucionan hacia metas impensables hace unos años. Y, hasta en los casos en que los avances son pequeños, éstos llenan mucho a sus familias y significan una gran superación personal. Por eso, deberíamos luchar todos juntos para favorecer la inclusión.

No queremos robarle más tiempo, pero sí proponerle que nos ayude a acabar con los prejuicios, los mitos o los usos peyorativos que a nosotros nos duelen, además de ser un obstáculo terrible para los afectados y su inclusión. Estamos a su disposición si desea informarse o escribir sobre el autismo.

Un cordial saludo.

Anabel Cornago, madre de un niño con autismo y licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra, Dra. Ana Luengo, madre de dos niños, uno con autismo, y profesora de Literatura en la Universidad de Bremen, Eva Reduello, madre de una niña con autismo, Ana Cortijo Sanz, madre de un niño con autismo, Inés Casal, madre de un niño con autismo, M. Cruz de Silva Rubio, madre de un niño con autismo, Esther Cuadrado, madre de un niño con autismo.

“BABY-SITTER” DE LOS PEQUEÑOS MODERNOS

Se me ocurrió realizar esta entrada, luego de leer a JMIUR en → MIENTRAS CONSUMO ME CONSUMO
Los profesionales médicos, psicólogos y sociólogos, observan con preocupación, que cuando padres e hijos se encuentran a la noche, la televisión impida las relaciones personales, imprescindibles para el bienestar de la familia.
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En los hogares donde la abusiva visión de TV ahoga la convivencia familiar, la televisión manda tanto o más que los padres.

Los padres en un hogar sensato, determinan los ritmos diarios de los hijos: la hora de levantarse, de ir al colegio, de comer, de ir a dormir…sin embargo, en los hogares capturados por la pantalla chica la televisión dicta técnicamente estos ritmos.

Desde el principio de los tiempos, han sido los padres los que se ocupaban de los niños, los cuidaba, entretenía, hoy dejados en manos de la tele, elegida como niñera. Quién les indica lo que es bueno o malo, lo que hay que amar, respetar, desear o rechazar???

En una familia donde los niños miran televisión durante veinte o treinta horas semanales, y los adultos ven un promedio de diecisiete horas, no existen tiempos para juegos, cantos, paseos, deportes, visitas a familiares y amigos.

Para los niños tener un ritmo estable del día es esencial, forma el sentido de estabilidad, capacidad de decisión y responsabilidad: horarios regulares para las comidas, para irse a dormir, momentos para oír cuentos o historias, o jugar les permiten crecer dentro de un ámbito de seguridad.

En los hogares con mayor poder adquisitivo, la otra GRAN NIÑERA, es Internet. Es inevitable que los niños no accedan a la Red, ella les proporciona recursos como material informativo y educativo, diversión. Todo este mundo virtual, inmediato y fascinante puede generar niños compulsivos, nerviosos y adictos, sin no existen límites y supervisión de los padres.

NIÑOS QUE NO SONRÍEN

Lamentablemente, la depresión no sólo es problema de los adultos. La tristeza, es una emoción que todos los niños padecen durante el desarrollo ante situaciones difíciles y negativas como el divorcio de los padres, el fracaso en la escuela o la falta de amigos.
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El bajo estado de ánimo de algunos niños puede ser tan intenso, frecuente y permanente que al menor contratiempo se rinden y se derrumban o pierden la ilusión, incluso por las cosas y actividades más divertidas y placenteras.

Los padres debemos buscar ayuda, si uno o más de las siguientes señales de depresión persisten:
• tristeza frecuente, lloriqueo y llanto profuso
• desesperanza
• pérdida de interés en sus actividades; o inhabilidad para disfrutar de las actividades favoritas previas
• aburrimiento persistente y falta de energía
• aislamiento social, comunicación pobre
• baja autoestima y culpabilidad
• sensibilidad extrema hacia el rechazo y el fracaso
• aumento en la irritabilidad, coraje u hostilidad
• dificultad en sus relaciones
• quejas frecuentes de enfermedades físicas, tales como dolor de cabeza o de estómago
• ausencias frecuentes de la escuela y deterioro en los estudios
• concentración pobre
• cambios notables en los patrones de comer y de dormir
• hablar de o tratar de escaparse de la casa
• pensamientos o expresiones suicidas o comportamiento autodestructivo

La depresión tiene que ser tratada y diagnosticada por un profesional. Generalmente el niño es derivado por los maestros del colegio, porque los padres o hermanos notan que se comporta algo extraño, está decaído. También es común que sea derivado por otros profesionales, como el psicopedagogo o el pediatra. Un psicólogo o psiquiatra infantil realizará el diagnóstico.

NIÑOS Y SOCIABILIDAD

La desenvoltura social, como la mayoría de los comportamientos y actitudes, se obtiene principalmente de la familia, aunque se van aprendiendo en forma más natural a través del contacto con otras personas, especialmente con niños, de los modelos de conducta que tengan los niños en su entorno inmediato. El estilo de crianza que los padres les proporcionen, tiene mucha relación con las habilidades sociales que ellos desarrollen.
Imágen: Anne Geddes


Mucho cariño, combinado con niveles moderados de control paterno, promueven un mejor estilo de sociabilización en los hijos, ya que el afecto facilita una relación segura, lo que a su vez promueve las competencias sociales de los niños, en contraste, las condiciones autoritarias y permisivas no favorecen el desarrollo de las habilidades sociales en forma adecuada.

A partir del año de vida, comienzan una nueva etapa de socialización. Su mayor autonomía, dada por su capacidad para desplazarse, les abre un mundo de nuevas posibilidades, su desarrollo mental les permite interesarse por todo cuanto los rodea, incluyendo a las personas, aunque de un modo mucho más elemental y exploratorio, en un principio.

Aunque están muy centrados en sí mismos, ya comienzan a fijar su percepción en los demás. Aprenden a valerse de ciertas “gracias” para simpatizar y su estado de ánimo suele ser cordial.

A medida que avanzan los meses, su sentido de independencia y autonomía se acentúan y sus expresiones de cariño se vuelven más frecuentes, comienzan a sociabilizar más con otros niños y aprenden normas básicas de cortesía. También es común que se pongan celosos, posesivos, egoístas y que hagan rabietas de vez en cuando.

Entre los 19 y 24 meses comienzan a disfrutar de la presencia e interacción con otros niños, pero aún no saben jugar en grupo. Si bien han adquirido dominio de su cuerpo, desconocen y temen a muchas cosas. Es por eso que tienen momentos en que parecen ser muy independientes y otros en que manifiestan la actitud contraria. En este período se identifican con la figura materna, tratan de imitarla e incluso sustituirla.

Algunas de las acciones que podemos aplicar

▪ Llevar al niño a alguna plaza o invitar a otro niño de su edad para que compartan un momento agradable. Probablemente se observen en un principio, imiten lo que hace el otro, no quieran compartir sus juguetes. Para trabajar esa actitud, podemos probar tomar un juguete que le interese mucho al pequeño, ofreciéndoselo diciendo ‘es mío pero te lo presto’.

▪ Preguntarle cómo se llama, para que se acostumbre a contestar y a decir su nombre.

▪ Invitarlo a demostrar su afecto, pidiéndole que abrace a su hermanito, le dé un beso a la abuela...

▪ Proporcionarle encuentros con otros niños en las cuales pueda intercambiar juguetes, enfrentarse a ciertas dificultades y jugar libremente. Es bueno no intervenir en alguna relación difícil, solo lo necesario, así reforzará su autonomía e irá desarrollando su capacidad de enfrentarse a problemas.

▪ Reuniones con amigos adultos que tengan hijos pequeños: como los niños son grandes imitadores, querrán tener una vida social como sus padres.
Si el niño ya tiene un año o más, está capacitado para aprender a saludar a los adultos, lo animamos a hacerlo.

▪ Dialogar con el niño, miradas tiernas, palabras dulces y cercanía le da mucha seguridad.

▪ Escuchar música instrumental e infantil, son excelentes recursos para mejorar su estado de ánimo.

▪ Llevarlo desde bebé a los lugares que vamos todos los días, de compras por ejemplo, y hablarle de las cosas que observamos.


DIFERENTES IGUAL QUE TU!!!

El texto pertenece a → ISOL

Cuando nacemos todos lo seres humanos dependemos de mamá y de papá para vivir, ellos nos alimentan, protegen, cuidan, estimulan, nos dan su amor incondicional, con su ayuda crecemos y vamos venciendo pequeñas y grandes barreras, alcanzando metas. Nuestro cuerpo se adapta, aprende del medio, adquiere capacidades, nuestra mente absorbe todo a su alrededor, nos esforzamos, y es así como, con el tiempo, nos vamos independizando y vivimos nuestra propia vida.

Muchos alcanzan prácticamente las mismas metas más o menos en un mismo tiempo, de una misma forma, esa mayoría recibe un nombre: "normales". Por considerar que tienen iguales capacidades, lo cual, es un error porque no existe en realidad un ser humano que sea igual a otro, ni que tenga absolutamente todas sus capacidades desarrolladas, (hay muchas cosas que no puede hacer y necesita ayuda de los otros para realizarlas).

Sin embargo, otros seres humanos debieron hacer un camino diferente a la mayoría para alcanzar la deseada autonomía que anhelamos tod@s, tuvieron que ejercitar más su fortaleza para vencer unas cuantas barreras más, aprendieron a ser tenaces adquiriendo una fuerza de voluntad mayor que el resto, con el mismo deseo que todos los humanos tenemos: "ser independientes", crecer, aprender, enamorarse, superarse… la experiencia de vida que estas personas tienen es exquisita, su ingenio y paciencia fue puesta a prueba muchas veces, ganaron, perdieron, se levantaron y siguieron en sus luchas diarias, intentando superar barrera tras barrera que les puso la sociedad.

Estos seres humanos durante mucho tiempo fueron llamados (minusválidos, deficientes, discapacitados, anormales, subnormales...) porque fueron considerados por sus carencias y no por sus meritos y habilidades.

Estos términos no los representan, por todo lo que demuestran y que son ampliamente capaces de enfrentar los retos de la vida, cosa que los llamados "normales" no siempre logran. Se los denomina así porque sólo se aprecian aquello de lo que carecen, sin entender que ellos tuvieron que desarrollar al máximo el resto de todas sus muchísimas capacidades, para que aquello que los diferencia no les impida una vida totalmente independiente como cualquier adulto en este mundo. Por fortuna los tiempos cambian y los términos que descalifican a estas personas están lentamente siendo desterrados por otro que abarca a todos los seres humanos, que demuestra que todos somos diferentes y eso es todo. Este término es "diversidad funcional".

No debemos olvidar que el lenguaje crea pensamiento y diversidad en el diccionario significa variedad, diferencia, o sea que este termino da una imagen que es la acertada: "todos y todas somos diferentes".Por lo que es bueno desde ahora desterrar algunas palabras que dan imágenes erróneas, ya que dan la idea de que alguien que no es capaz y punto, sin ver el abanico de capacidades que este ser humano ha desarrollado. Así como, dan la idea de alguien que necesita ayuda para alcanzar su autonomía es alguien no válido para esta sociedad.

Por eso incorporemos el termino diversidad funcional y sobre todo la idea de que todos los seres humanos somos distintos, con distintas capacidades, hay cosas que hacemos mejor que los demás, cosas en las que necesitamos ayuda o adaptaciones (como usar lentes, o una escalera para llegar donde no llagamos o a alguien más alto que nos lo alcance) porque solos no podemos. Y sobre todo aprendamos que todo ser humano aporta algo al mundo que lo rodea, a no discriminar nunca, pues nos perderíamos a un ser excepcional! Diferente, igual que tod@s!

Pues con esto dimos un paso para que entre todos nos integremos, puedes, si gustas ayudar, copiar este texto y ponerlo en tu blog o escribir algo que esté relacionado con esta idea, lo que hagas para colaborar te lo agradezco de corazón, el bien que haces es inmenso, y si no deseas ponerlo en tu blog lo que más interesa es que lo apliques en tu vida desde ya muchas gracias! si gustas difúndelo y ayúdanos a poner nuestro granito de arena!!!



LA TIRANÍA DE MAMÁ COMPRAME!!!

El comportamiento de los niños frente a los locales de consumo, mantiene a los padres en presos de los deseos de sus hijos
Como reacción contra el autoritarismo en uso, que forzaba a los hijos a callar y obedecer, nace en el siglo XX un modelo de crianza que propone respeto y escucha, espacio y libertad para que niños y niñas se desarrollen y se expresen libremente.
Lic. Irene Loyácono
Psicóloga. Psicoterapeuta. Directora del Centro de Terapias con Enfoque Familiar- CeTEF
Foto: Ilustración: Eva Mastrogiulio


Hace muchas décadas ya que el centro de gravedad de la mayoría de las familias pasa por los hijos. Las llamamos familias paidocéntricas : las necesidades y preferencias de los infantes y adolescentes son priorizadas a la hora de decidir el mobiliario, el uso de los espacios hogareños, los horarios, los programas de TV, las marcas, las vacaciones, las salidas de la familia y otros etcéteras.

Paralelamente, los berrinches frente al quiosco, la góndola o la juguetería son un espectáculo frecuente. Es un despliegue de conductas tiránicas de infantes de muy corta edad que reclaman airadamente la compra de algún objeto o la provisión de cierto cuidado.

Con el descenso en el poder adquisitivo de muchos hogares, se ha hecho más notoria la cantidad de los "comprame", "llevame", "traeme" que profieren los chicos de toda edad, y aparece el dolor y la queja de los padres, que ya no pueden proveer tan fácilmente.

Buscando la genealogía de esta situación, encontramos que, muchas veces, los padres nos proyectamos en los niños y pretendemos que, en compensación por las propias desventuras, nuestros hijos e hijas vivan una vida mágica, perfecta, ideal, sin sobresaltos ni privaciones: que sean el niño sol, la niña estrella. Que no les falte nada, que sean "felices". También la culpa -porque, atareados, pasamos poco tiempo con ellos- nos lleva a consentirlos en demasía.

Hay un malentendido básico: satisfacer de inmediato todos los deseos de los niños no los fortalece, sino que los debilita, constituyéndolos en tiranuelos desagradables e infelices, frente a los cuales, finalmente, los adultos nos sentimos agobiados y desbordados. Está bien que el niño disfrute de su infancia, pero está mal que lo logre a costa de la esclavización de sus padres.
Tengamos en claro que dar al hijo todo lo que pide no es cuidarlo, es seducirlo. Es tenerlo contento para que me quiera y me haga sentir bueno, poderoso, Rey Mago. Darle todo lo que pide es, también, callarlo por un rato, sacármelo de encima, no ocuparme de lo que realmente le pasa.

No se debe poner piloto automático en la crianza, aunque juzgar en cada caso si corresponde o no dar al niño lo que pide es un esfuerzo que no todos los padres estamos dispuestos a -o en condiciones de- realizar. Pero ésa es justamente la función parental: pensar en el bien de esa personita y resolver desde la perspectiva de su crecimiento.

En ese sentido, también sería bueno que volviéramos a enseñar a nuestros hijos e hijas el agradecimiento, que lleva a valorar lo recibido y a la reciprocidad. Sin agradecimiento queda invisibilizado el esfuerzo y la bondad de los padres para abastecerlos de cosas y de cuidados. Esto tampoco es bueno.
Es claro que el no de los padres limita, frustra, impide, pero... ¿quién dijo que estas experiencias no son también necesarias para un buen desarrollo?

Dado que no vivimos en un mundo que ofrece la satisfacción con sólo estirar la mano y pedirla, brindar al niño y a la niña la posibilidad de aprender a tolerar frustraciones adecuadas a su edad, tener la experiencia del premio conseguido con esfuerzo y desarrollar la capacidad de espera frente a las inevitables demoras cotidianas, es proveerlos de tesoros y talismanes que harán su vida más vivible.